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La ciudad bien vestida
La ciudad bien vestida
Cada vez hay más tiendas de ropa, y te la traen más barata por Amazon, pero la realidad es que cada vez va la gente peor vestida. De trapillo, de vaqueros, de chupa o sudadera, cuando no de chándal. Por eso sorprende a los forasteros que en Sevilla y especialmente hoy, Jueves Santo, la gente vaya tan bien vestida: las señoras, perfectas; los señores, de traje y corbata; los muchachos, de chaquetita azul y pantalones grises; y hasta los niños de pantalón corto con sus calcetines oscuros altos hasta las rodillas y sus zapatos azules. Esto de Sevilla es especial. Para corretearse la ciudad viendo cofradías, soportar las bullas de sobadura y tirita y los aforamientos del Cecop, en cualquier otro sitio la gente se pondría ropa cómoda y ligera, y unas andariegas zapatillas de deporte. Así es como van los turistas. En estos días ves a un señor de traje y corbata, con el escudito de la hermandad en la solapa y con su señora vestida de mantilla, y no te cabe la menor duda: no sólo son de aquí, sino de los que se gozan con mantener nuestra tradición de ir en Semana Santa como se debe. Y en cambio ves a un tío con unos vaqueros y una sudadera de capucha, vestido de cualquier manera, con unas zapatillas de deportes, y tampoco hay duda: es un guiri, que le han dicho que esto de la Semana Santa tiene un ver, aunque la mayoría de las veces ni sepan lo que están contemplando.
Me cuentan que unos visitantes salieron a ver los monumentos clásicos, Catedral y Alcázar, y de paso a quedarse a retratar las cofradías que se encontraban. Y viendo a la gente tan bien vestida, enchaquetados y encorbatados, como por ahí va ya sólo a las grandes ceremonias, preguntaron a un sevillano:
–¿Tantas bodas hay hoy en Sevilla como para que vaya la gente tan bien vestida?
Pues, ¿sabe usted una cosa? Que sí. Desde el Domingo de Ramos hasta que salga el Resucitado, hay en Sevilla muchas bodas, por eso va la gente tan bien vestida, especialmente hoy. Una gran boda: «En el cielo se alquilan balcones/para un casamiento/ que se va a hacer». Celebramos que el casamiento de Sevilla con Sevilla misma, con sus tradiciones religiosas, con sus estaciones de penitencia, con la evocación de lo que vivieron nuestros mayores, con nuestros propios recuerdos de estos días irrepetibles. Celebramos las bodas de Sevilla con la primavera, con su primera luna llena, con la devoción sentida y heredada por un Cristo o una Virgen que eran y son como de la familia. Y lo que preguntaba extrañado el guiri viendo a la gente tan bien vestida es nada para lo que otro de su misma camada inquiera hoy, Jueves Santo, cuando vea a las sevillanas vestidas de mantilla en la visita de los sagrarios… y a los bares de tapeo. Seguro que este guiri despistado le dice a un sevillano:
— ¿Tantas bodas hay hoy en Sevilla como para que vayan tantas madrinas vestidas de mantilla camino del casamiento?
Es que no se enteran. Pues mejor que no se enteren y nos dejen a nosotros con lo nuestro. Eso sí: perfectamente vestidos.













